El tenista murciano perdió en la tercera ronda ante Zizou Bergs por 7-5 y 7-6.
GREGORIO LEÓN
Con su cara de buena persona, el hoyuelo en la barbilla, la gorra blanca con la visera hacia atrás para subrayar su aspecto juvenil, Zizou Bergs escondía una mala idea: echar de Shanghái a un jugador que llegaba imparable después de cuatro largos meses de silencio e incertidumbre, con victoria flamante en Tokio y el prestigio restaurado. Y Carlos Alcaraz se una a la leyenda negra que acompaña al tenis español en China. También él ha caído, sin superar la barrera de la tercera ronda.
Alcaraz supo enseguida que iba a caminar por un terreno bacheado. Break como aviso. Contrabreak de respuesta del murciano. Y así, sin dar continuidad a su juego, fallando bolas que otras veces no falla, impreciso en el servicio, fue metiéndose en un lío. Y estalló verbalmente cuando perdió el undécimo juego y llegar a un 6-5 adverso. "No entiendo nada, no entiendo nada. Una bola me bota y la otra me desliza. No puedo, tío. No puedo jugar así, tío, por intuición", se quejaba el jugador de El Palmar, mirando a su box. Bergs afilaba la mirada, al otro lado de la red. Tuvo hasta cuatro bolas de set, y la última la aprovechó.
El segundo capítulo continuó en la misma línea. Bergs, acumulando winners, valiéndose de su servicio. Alcaraz, manteníéndose en pie como podía. El mundo al revés. El tenista belga tuvo la opción, con su saque, de ganar el encuentro, pero Carlitos, por fin eficaz al resto, transportó el desenlace al 'tie-break'. Y ahí, entre el juego de Bergs y errores propios, se acabó la historia. Y el recorrido de Alcaraz en China, que sigue siendo terreno vedado por los españoles. Ninguno ha ganado allí.