El jugador murciano ganó su partido de dobles mixtos (5-3 y 4-1), formando pareja con la leyenda Serena Williams, en el US Open. Llevaba más de cuatro meses sin competir.
GREGORIO LEÓN
Cuando Carlos Alcaraz abrió los ojos y se asomó al mundo, Serena Williams ya llevaba varios Grand Slams ganados. Separados por más de veinte años, y sin embargo, íntimamente ligados por un talento insólito que ha hecho del murciano el mejor tenista del momento y a la estadounidense, la mejor de todos los tiempos. El de este martes era un partido de colección. Una oportunidad insólita para ver esta sociedad donde se concentra tanto talento, con Williams volviendo a Nueva York, cuatro años después de su última aparición, y sobre todo, el regreso del jugador murciano, ciento treinta y tres días después de aquella tarde donde todo se torció en el Godó. Alcaraz es de nuevo feliz. Disfrutó como el niño que descubrió con cuatro años el magnetismo de una raqueta. Y formó una pareja perfecta con Serena Williams. La victoria es lo de menos. Sentirse otra vez tenista, lo más importante.
Y a las diez menos veinte de la noche, hora española, con la Arthur Ashe con 20.000 emocionados espectadores, Alcaraz, conteniendo los nervios, agarró la bola y se dispuso a servir. No fue su mejor servicio. Tampoco el siguiente, incurriendo en una doble falta. Pero poco a poco se fue afinando. Y fue ofreciendo su sonrisa, como reacción a la seguridad creciente de sus golpes. Parecía que había más compenetración en la pareja doblista oponente, con Erin Routliffe y Lloyd Glaspool. Sin embargo, empezó a carburar la pareja Alcaraz/Williams. Y Carlitos, siguiendo la estela de un restazo de la estrella norteamericana, conectó un winner que sirvió para que el set cayera de su lado.
Complicidad y sonrisas en la pareja de los dos tenistas, acreditada durante muchos puntos. Con el viento soplando a su favor se pusieron a la tarea de ganar también la segunda manga. Aprovecharon su turno de servicio, y luego, con Serena Williams creciendo al resto, llegó el 2-0. Seis juegos seguidos. Y apareció la magia de Alcaraz con una dejada sutil para poner el 3-0 para dar paso a Michael Sambello y su ochentero Maniac, de la banda sonora de la película Flashance. El desenlace era inevitable. La victoria solo podía ser para Carlos Alcaraz y Serena Williams. Y todos los focos, también para ellos. Las estrellas nunca se apagan.