Es el gran anhelo de Sánchez Breis, que maneja otras dos opciones por si el delantero ruso acaba en otro club.
GREGORIO LEÓN
Sergi Guilló quiere tener cuanto antes el delantero centro que ha demandado a la dirección deportiva. Y más cuando Juanto Ortuño no estará disponible para el comienzo del campeonato. Su presencia en el Rico Pérez el día 29 de agosto es imposible. Los plazos de recuperación están definidos, y no bajarán de un mes. Pero, más allá de contratiempos, lesiones y circunstancias sobrevenidas, el entrenador del Murcia quiere un "9" puro. Y tiene nombre sencillo y apellido de extraña grafía: Nikolay Obolskiy. Un fichaje que se está cociendo a fuego lento, lentísimo. Manuel Sánchez Breis lleva macerándolo desde hace ya varias semanas, con conversaciones directas abiertas con el jugador ruso y con su agente. Y el tiempo empieza a correr a favor del club grana. La apetencia de Obolskiy no se ha movido: jugar en Segunda División. No quiere abandonar el fútbol profesional. Pero las plantillas están quedando ya dibujadas, los espacios cubiertos y las opciones se van diluyendo. Esa es la realidad a la que se enfrenta el delantero ruso, un viejo anhelo de Sánchez Breis.
Mientras tanto, de forma paralela, el director deportivo grana le da calor a otras posibilidades. Una de ellas, la de Víctor Mingo. Pero tiene varias complejidades, y no es la menor el costo económico. Todos las propuestas de contrato deben pasar por las manos del administrador concursal, José Vidal. El Murcia no puede salirse ni un milímetro de los estrictos márgenes financieros. Remitido el presupuesto (cercano a los 5 millones de euros) a la Federación Española de Fútbol, el administrador tiene la obligación de rechazar cualquier operación que resulte singularmente onerosa y que pueda romper ese equilibrio exigible legalmente.
Además de Obolskiy, el gran deseado, y Víctor Mingo, Sánchez Breis maneja otros dos nombres, cuya identidad no ha trascendido.