No se ha apartado de sus responsabilidades a pesar de que su estado de salud se había deteriorado. Su trayectoria ha estado vinculada a la UMU, donde fue rector, y al PP
Cuatro décadas ha estado José Ballesta vinculado a la administración, primero en el estamento académico y después en la gestión pública. Con 28 años ya era profesor titular de la Universidad de Murcia y con 34, catedrático de Biología Celular en la Facultad de Medicina. Ballesta habría, años después, de dirigir los designios de esta institución al hacerse con el birrete negro. Fue rector de la Universidad de Murcia dos mandatos, desde 1998 a 2006. Fue relevado por José Cobacho, el rector este último que tuvo que afrontar en la Universidad de Murcia los rigores de la crisis.
Finiquitada su etapa en Convalecencia, Ramón Luis Valcárcel quiso aprovechar el capital gestor adquirido por Ballesta y le incluyó primero en las listas con las que el Partido Popular concurrió a las autonómicas de 2007 y después le integró en el Consejo de Gobierno como responsable de la cartera de Obras Públicas, Vivienda y Transportes, competencias a las que fue sumando otras. Sobre su mesa encontró un asunto espinoso: el retraso en la apertura del Aeropuerto Internacional de la Región de Murcia. No era un tema sencillo, sus implicaciones judiciales se alargan hasta nuestros días.
En una etapa posterior, Ballesta fue consejero de Universidades, Empresa e Investigación, también portavoz del ejecutivo autonómico. Su presencia en la administración regional coincidió con la mayor crisis económica que nuestra comunidad ha vivido en democracia y una gran conflictividad social.
Durante estos años afloraron unas diferencias larvadas ya en su etapa como rector: los desencuentros con la universidad privada de Murcia, la UCAM. Ballesta siempre ha optado por la discreción con este asunto aunque ha mantenido su punto de vista no siempre coincidente con los intereses de la católica. Estas diferencias 'sottovoce' de Ballesta con la UCAM se mantuvieron durante su paso por la administración regional y después como alcalde de Murcia. Con respecto a este asunto, nunca hubo paz pero tampoco nunca hubo guerra abierta.
Su salida del gobierno regional marcó su irrupción en la política local en la ciudad de Murcia. Atrás quedaba un periodo marcado en el consistorio capitalino por los casos de corrupción urbanística. Ballesta llegó para poner paz pero las cosas se complicaron. Era el momento de las coaliciones políticas para gobernar y tuvo que recurrir a Ciudadanos. Durante su segundo mandato, las mociones de censura planificadas contra el PP fraguaron en Glorieta y arrebataron a Ballesta el bastón de mando. El PSOE de José Antonio Serrano se hacía con la alcaldía. Ballesta, tras esto amagó con apartarse, pero no lo hizo del todo aunque optó por el segundo plano. En las municipales de 2023 volvió a concurrir a la alcaldía con el PP. El propino Aznar aplaudió el gesto en un acto político en la capital del Segura.
Durante toda su trayectoria académica y política, Ballesta ha estado rodeado de unos cuantos fieles, una guardia pretoriana que le ha acompañado en las distintas administraciones. Hombre de fuertes convicciones religiosas, han sido varios los momentos en los que la emoción le ha superado.
Las entradas y salidas al hospital de los últimos meses no le han apartado del todo de sus responsabilidades. José Ballesta ha hecho de la resistencia su seña y ha tratado de dar una lección de vida. Ahora los suyos le despiden.