El coordinador del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes, Pablo Alemán, destaca la importancia de gestionar la incertidumbre y ofrecer apoyo emocional a víctimas, familiares y voluntarios
En catástrofes como la ocurrida este miércoles en Urda (Toledo), la atención psicológica inmediata a las personas afectadas resulta fundamental. Existen equipos especializados en prestar apoyo emocional desde los primeros momentos de una emergencia. Es el caso del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC), cuya labor consiste en orientar y acompañar a las víctimas en situaciones marcadas por el impacto emocional, la incertidumbre y la falta de información.
Su objetivo es ayudar a los afectados a afrontar los primeros momentos posteriores al suceso y acompañarlos en el proceso de asimilación de lo ocurrido. El coordinador del GIPEC, Pablo Alemán, señala que la incertidumbre y la desinformación son dos de los factores que más influyen en el estado emocional de las víctimas. Por ello, gestionar adecuadamente la información y la forma en que se transmite constituye uno de los aspectos fundamentales de su intervención.
La atención psicológica se desarrolla a distintos niveles y está dirigida a diferentes colectivos, entre ellos supervivientes, familiares y voluntarios. Los profesionales trabajan especialmente en el ámbito emocional, ofreciendo herramientas y pautas que permitan a los afectados afrontar los días posteriores a la catástrofe. Pablo Alemán advierte de que uno de los principales desafíos de esta intervención es abordar el impacto psicológico inicial, marcado por el estado de conmoción que experimentan las víctimas.