Un informe de Funcas avisa de la bajada de la fecundidad entre la población de origen migrante, que ha caído un 32% en los último 15 años
La inmigración no basta como única herramienta de lucha contra el envejecimiento en España. El rápido descenso de la natalidad entre las mujeres extranjeras converge con el que registran las autóctonas mientras que procesos como la reagrupación familiar, elevan también la edad media de edad de los no nacionales.
Es lo que viene a decir un informe elaborado por Funcas, la Fundación de Estudios de las Cajas de Ahorros que considera que la inmigración, que ha funcionado como balón de oxígeno para el crecimiento poblacional en las últimas décadas, podría tener fecha de caducidad. Uno de los datos más reveladores del informe es el desplome de la fecundidad entre la población inmigrante. Entre 2009 y 2024, el número de hijos por mujer extranjera se redujo un 32%, como explica María Miyar es una de las autoras de la investigación.
Funcas alerta sobre la paradoja geográfica que supone como la inmigración rejuvenece las zonas que ya son económicamente dinámicas, entre las que se encuentra la Región de Murcia, pero apenas tiene impacto en las comunidades más envejecidas y despobladas. Además, los que se asientan en esos grandes núcleos de población, tienen las mismas dificultades que los demás para acceder a una vivienda o tener un empleo estable y bien pagado. En consecuencia, tienes menos hijos y en muchos casos vuelven a sus países.
El cortoplacismo ha favorecido la ausencia de una estrategia demográfica explícita, concluyen los investigadores, instando a las instituciones a no delegar la sostenibilidad del país exclusivamente en los flujos migratorios.