En una jornada organizada por la Asociación Contra el Cáncer en Murcia, pacientes y profesionales reivindican una atención más humana y un mayor acompañamiento psicológico durante el proceso de cáncer de mama
La Asociación Española Contra el Cáncer en la Región de Murcia asegura que estará vigilante para que se cumpla el anuncio de ampliación del programa de cribado de cáncer de mama hasta los 45 años y pide mejorar la atención a las pacientes en las zonas rurales. El próximo 19 de octubre es el Día Mundial contra el Cáncer de Mama y esta asociación ha celebrado este martes una jornada de sensibilización dirigida a estudiantes de periodismo junto a pacientes y profesionales para abordar no solo los avances en el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad, sino también sus consecuencias físicas y emocionales.
El cáncer de mama es la primera causa de muerte en España. Cada año se diagnostican 38.000 casos en nuestro país, unos 2.000 en la Región de Murcia. La buena noticia es que la detección temprana a través de los cribado permite alcanzar tasas de supervivencia que rozan el 99% de los casos. Eduardo González, presidente de la Asociación Contra el Cáncer en Murcia, celebra que el plan de salud de la Región incluya la ampliación del cribado hasta los 45 años ante la aparición de casos en mujeres cada vez más jóvenes
En el caso de la Región de Murcia, los indicadores de participación en los cribados de cáncer de mama se sitúan ligeramente por encima de la media nacional, aunque que todavía existe margen de mejora. No obstante, Eduardo González reitera la necesidad de reforzar los programas de cribado en las pequeñas localidades y pedanías alejadas de los principales núcleos urbanos
La Asociación Española Contra el Cáncer reconoce que no dispone de cifras suficientemente actualizadas sobre la incidencia del cáncer de mama en la Región de Murcia, ya que los últimos datos con los que trabaja corresponden a 2023.
En el ámbito de la investigación, Eduardo González ha destacado que la Asociación Española Contra el Cáncer destina 32 millones de euros a 110 proyectos centrados específicamente en el cáncer de mama, dentro de una inversión global de 157 millones de euros en investigación oncológica.
Más allá de los tratamientos médicos, las consecuencias emocionales de la enfermedad han ocupado buena parte de los testimonios de las pacientes. Alba del Campo González, paciente de cáncer de mama, profesora de yoga oncológico y creadora de contenido, ha relatado su experiencia con un diagnóstico en estadio avanzado, aunque sin metástasis, y las dificultades que ha atravesado durante la quimioterapia.
Del Campo ha explicado que descubrió que algo no iba bien cuando notó una alteración en el pecho mientras iba a ducharse. Hasta entonces no había experimentado síntomas que le hicieran sospechar de la enfermedad.
A partir del diagnóstico comenzó un proceso marcado por los efectos secundarios del tratamiento, entre ellos fuertes dolores de cabeza, problemas gastrointestinales, dificultades cognitivas y episodios de profundo malestar emocional. Su experiencia la ha llevado a compartir públicamente el proceso a través de las redes sociales, con el objetivo de mostrar una imagen más realista de lo que supone convivir con el cáncer.
La creadora de contenido considera que, en ocasiones, las redes sociales presentan a las pacientes desde una perspectiva excesivamente heroica y positiva, dejando en segundo plano el sufrimiento, el miedo y las dificultades cotidianas. Por ello, ha decidido visibilizar tanto los momentos en los que puede continuar con su vida habitual como aquellos en los que la enfermedad limita profundamente su día a día.
Del Campo ha reconocido que compartir su experiencia también le ha permitido sentirse acompañada por una comunidad que le transmite apoyo y afecto. Su principal mensaje para otras mujeres que atraviesan esta situación es que no oculten su sufrimiento ni sientan la obligación de mantenerse fuertes permanentemente. Ha defendido la importancia de pedir ayuda psicológica, apoyarse en familiares y amigos y compartir experiencias con otras pacientes.
Una perspectiva especialmente significativa ha sido la de Pilar Moya Martínez, enfermera de Oncología del Hospital Morales Meseguer de Murcia, que hace ocho años recibió un diagnóstico de cáncer de mama mientras trabajaba atendiendo a pacientes oncológicos. Moya ha reconocido que enfrentarse a la enfermedad desde su doble condición de profesional sanitaria y paciente supuso un cambio radical en su vida.
El diagnóstico le provocó sentimientos de miedo, desconcierto e incluso culpabilidad, al considerar inicialmente que, por su experiencia profesional, debería haber sido capaz de detectar antes la enfermedad.
Además, conocer de primera mano los tratamientos y sus posibles consecuencias incrementó sus temores durante el proceso.
Su experiencia le ha permitido comprender mejor las necesidades emocionales de las pacientes y la importancia de una atención sanitaria que vaya más allá de la administración de tratamientos. Moya ha señalado que la sobrecarga asistencial dificulta en ocasiones que los profesionales de enfermería puedan dedicar el tiempo necesario a escuchar y acompañar a quienes atraviesan la enfermedad. Sin embargo, ha defendido que gestos tan sencillos como coger de la mano a una paciente o preguntarle cómo se encuentra pueden resultar fundamentales para ayudarla a expresar sus miedos, especialmente aquellos que evita compartir con su familia para no preocuparla.
La enfermera también se ha mostrado crítica con el lenguaje bélico que habitualmente se utiliza para referirse al cáncer y ha rechazado expresiones como ganar o perder la batalla contra la enfermedad. «Ni soy luchadora ni he perdido la batalla, ni ha perdido nadie la batalla. Las batallas se las dejamos a Putin», ha afirmado, reivindicando que las pacientes puedan afrontar el cáncer sin sentirse obligadas a demostrar fortaleza o asumir responsabilidades sobre la evolución de su enfermedad.
La atención a las secuelas físicas que provoca la enfermedad ha sido otro de los asuntos centrales de la jornada. Marina Pérez, fisioterapeuta de la Asociación Española Contra el Cáncer en la Región de Murcia, ha explicado que el servicio que presta la entidad desde diciembre del pasado año ha atendido ya a 580 personas, de las que 125 continúan actualmente en tratamiento.
Su trabajo consiste en evaluar individualmente las necesidades físicas de los pacientes oncológicos y desarrollar tratamientos y talleres dirigidos a mejorar la movilidad, abordar las cicatrices quirúrgicas y prevenir complicaciones como el linfedema, una acumulación de líquido que puede aparecer después de determinadas intervenciones y tratamientos contra el cáncer de mama.
Pérez ha destacado especialmente la importancia de actuar de manera preventiva, antes de que aparezcan las secuelas, porque permite mejorar la recuperación y facilitar la reincorporación de las pacientes a su vida familiar y laboral.