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Una mirada personal tras el terremoto que cambió la ciudad

Repasamos de la mano del corresponsal en Lorca de ORM, Alfonso Martínez, los minutos después del seísmo. Un relato del 11 de mayo de 2011 de un vecino e informador de la ciudad del Guadalentín

ONDA REGIONAL
10 MAY 2026 - 11:51
Una mirada personal tras el terremoto que cambió la ciudad
Una calle de Lorca cubierta de los escombros provocaros por el terremoto. Fuente: ORM.

ALFONSO MARTÍNEZ | Lorca

11 de mayo de 2011 está grabado a fuego en el corazón de los que estuvieron en Lorca en el momento del segundo terremoto que dejó 9 víctimas mortales, entre ellas dos mujeres embarazadas y un adolescente de 14 años, y unos 324 heridos. Lo sonidos de aquel día siguen estremeciendo 15 años después.

Eran cerca de la siete de la tarde y llevaba dos horas grabando las secuelas del primer terremoto cuando la tierra explotó bajo mis pies, el pánico y el llanto se apoderaron de la calle al tiempo que una nube de polvo me impedía ver el final. Cómo si del túnel de la muerte se tratara, atravesé la cortina de polvo que me aislaba de las peores consecuencias del terremoto. El campanario de la iglesia de San Diego se acababa de caer muy cerca de unos reporteros, mientras el párroco se abrazaba a un feligrés entre lágrimas y recordando que tenían que ayudar a sacar a los ancianos del asilo.

Una madre le recriminaba a su hija que no se hubiera marchado en tren tras el primer seísmo. Una antigua vecina me ponía sobre la pista de la muerte. Unos metros más allá tres personas yacían en el suelo entre los escombros de las fachadas cercanas, mientras los servicios de emergencias trataban de reanimar a una de ellas. El caos se apoderó de una ciudad en la que sólo se oían lamentos y sirenas, entre coches que trasportaban escombros cómo si vinieran de la nieve. 

Con la sensación de que ya había hecho mi trabajo, me disponía a cruzar la ciudad cuando desde el puente nuevo descubrí que la avenida Juan Carlos I era una escena de guerra, hasta ese momento mí cámara me había protegido de un entorno hostil, pero al apagarla comencé a pensar en el destino de mi familia.

Era inútil las líneas telefónicas no funcionaban, justo cuando más necesitábamos saber de nuestros seres queridos. En las calles, algunos heridos por la caída de cascotes, mucha incertidumbre y mucha solidaridad, un vecino se erigió en policía dando paso a los pocos vehículos que podían circular y guiando a las personas desorientadas. La búsqueda se hizo más angustiosa tras escuchar a un vecino que había perdido a su mujer y deambulada en shock descalzo y sin ropa. Por fin encontré a mi mujer, ese sexto sentido que funciona cuando las líneas digitales fallan, ella estaba bien, lo material siempre tiene arreglo.

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