De mandarines, eremitas y gente en coma
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En el centenario del nacimiento de Miguel Espinosa, en La Hora de la Cigarra hemos dedicado buena parte de nuestro capítulo de hoy a tratar de responder esta pregunta: ¿Cómo es posible que uno de los más grandes escritores que ha dado la región de Murcia en el último siglo sea hoy casi un desconocido para buena parte de nuestros convecinos? El periodista Ángel Montiel y la decana de la Facultad de Letras Carmen Pujante, nos han dado algunas claves. La primera, es que la obra de Espinosa (y muy especialmente "Escuela de Mandarines") se interpretó en su momento como una crítica directa al tardofranquismo y a las estructuras que lo replicaban dentro de la Universidad de Murcia. Aquello le acarreó al autor algunas simpatías pero también profundas enemistades. Y lo peor, nos decía, Ángel Montiel, es que en el mejor de los casos esa era una lectura extraordinariamente reduccionista porque "Escuela de Mandarines" es mucho más.
Si una interpretación miope del sentido último de la obra de Espinosa lo condujo a ser "cancelado" por una parte de la sociedad, en su actual olvido influyen otros factores. Y no es el menor, en opinión de la decana Carmen Pujante, un cierto exceso de celo en la protección de su legado. En lo que parece haber consenso absoluto es en que Espinosa merece un mayor esfuerzo de las instituciones para divulgar su trabajo, que no para garantizarle un lugar en la Historia de la Literatura, que de eso ya se encarga la inmensa calidad de su escritura.
En el programa recibimos también a otro escritor, el leonés Luis Artigue, que nos presenta su última novela, "Mientras me operan el cerebro". Artigue -que, por cierto, se declara admirador profundo de Espinosa- ha construido un relato que él mismo describe como de "neurociencia-ficción y agro-horror". Una novela que fabula con lo que le ocurre a un paciente en coma profundo, y lo hace a través de una historia policíaca y costumbrista a la vez, disparatada y ácida, con guardias civiles en un entorno rural plagado de lo que él mismo denomina "puticultores". La reflexión de fondo es tan simple como contundente: "cuando todo se va a la mierda -nos dice-lo que nos queda es la imaginación"