Venecia, entre cancelar y conversar
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Francisco Ortuño, familiarmente conocido como Forzu, es un dramaturgo yeclano que durante años dirigió el Centro Andaluz de Teatro, al que ahora hemos reencontrado como comisario de una de las exposiciones que pueden verse en la Bienal de Venecia, una de las grandes citas mundiales de la cultura. La muestra que comisaria gira en torno a la figura de Federico García Lorca, subrayando la vinculación del poeta granadino con Cataluña a partir de sus primeros encuentros con Salvador Dalí primero en Figueras y luego en Cadaqués. Ortuño ha trabajado mucho sobre la obra de García Lorca, tanto en el teatro -dirigiendo, por ejemplo, un montaje de El Público- como desde el punto de vista del arte contemporáneo y el flamenco, con una investigación artística alrededor de las conexiones del poeta con Cuba. Esta tarde, en La Hora de la Cigarra, nos ha dado las claves para entender la vigencia de la obra de García Lorca. La exposición que puede verse en Venecia se titula "Lorca-Cataluña. Yo no he nacido todavía" y está compuesta por las aportaciones realizadas específicamente para la ocasión por nueve artistas, entre las que Ortuño nos ha mencionado especialmente a dos: la escultora Esperanza d'Ors, nieta de Eugenio d'Ors, y la pintora ciega Kelly Arronte.
Pero la charla con Francisco Ortuño nos ha llevado -era inevitable- a hablar también sobre la intensa polémica que rodea esta edición de la Bienal de Venecia por la presencia en ella de los pabellones institucionales de Rusia e Israel. Como experto que es en "diplomacia cultural", argumenta que el hecho de que la Bienal esté expuesta a esta polémica no deja de ser una muestra de su vitalidad. No se le oculta, por supuesto, que hay un uso político de la cultura en la presencia de Rusia e Israel. Pero sostiene que siempre es preferible un discurso a un disparo, y cree que cuando la discrepancia es verbal o intelectual, al menos queda un margen para encontrar la paz.
Otro ejemplo de cómo la cultura está cargada de argumentos políticos, lo encontramos en "40 años de cárcel: sin redención" la novela de la que ya comenzamos a hablar la semana pasada con su autor, Manuel Avilés. Os recuerdo que el material que Avilés ha empleado para este libro parte de su experiencia personal como un elemento clave en la lucha contra el terrorismo de ETA desde su posición como director de la prisión de Nanclares de la Oca. Desde allí puso en marcha la denominada "Vía Nanclares" a partir de una decisión ilegal que consistió en grabar y difundir las conversaciones entre los presos de ETA y sus abogados. Aquello sirvió para demostrar las presiones que la dirección de la banda ejercían sobre los encarcelados y rompió su apariencia monolítica. Luego, Avilés viajó por toda España entrevistándose personalmente con cerca de 700 presos de ETA. No deja de ser curioso que Manuel Avilés, que vivió amenazado de muerte durante aquellos años, recuerde particularmente la amenaza que recibió en la prisión murciana de Sangonera de parte de uno de sus internos más ilustres: Iñaki de Juana Chaos, responsable de 25 asesinatos como máximo dirigente de Comando Madrid de ETA.